¿Qué aprendí luego de haber liderado un programa de entrenamiento?

Al culminar la universidad, se me ocurrió la –¿genial?– idea de dictar un curso de programación. Creo que era muy joven –e inocente– para lanzarme con esa aventura y la verdad es que no sabía lo que me esperaba.

Fuente: [Archivo personal]

Recuerdo que inicialmente eramos dos personas interesadas en dictar el curso. Mi primera tarea fue preparar el temario de las clases (que serían semanales y durarían al menos dos meses) e invitar a todos los alumnos que estuvieran interesados (aún recuerdo que imprimí y pegué muchos anuncios en mi querida facultad). Mi compañero de proyecto –o locura– se encargaría de conseguir un aula con las respectivas herramientas (proyectos, computadoras, etc) y luego de esto, nos repartiríamos el dictado de las clases.

Fuente: [Archivo personal]

Al finalizar la primera clase, mi amigo me dijo que no tendría tiempo para continuar. Escuché sus palabras y acepté lo que en adelante se convertiría en una de las aventuras más interesantes de mi vida. De eso me gustaría escribir con más detalle pero aquí algunas lecciones que aprendí en ese camino.

  1. Preparar clases con –mucha– anticipación: Es importante separar un horario de preparación de clases. En este revisaba toda la información que quería compartir y si me daba el tiempo, practicaba lo que iba a hablar (al menos una vez)
  2. Si hay laboratorios o “hands-on”, se deben probar con anticipación: Tienes que encontrar una forma de probar tus laboratorios. En mi caso imprimía el material y lo ejecutaba paso a paso. Al encontrar observaciones, las anotaba y luego actualizaba el documento. Esto lo hacía al menos una vez.
  3. Ser paciente: No todos los alumnos conocían lo que yo hubiera esperado. Es por ello que ahondé en los fundamentos y modifiqué el contenido de las clases planificadas.
  4. Ser empático: Entender la causa de algunas preguntas y el comportamiento de los alumnos fue una habilidad que fui ganando con el paso de las clases.
  5. Ser sincero: Hubo situaciones en las que las que la clase no me salía como esperaba, o en las que no podía responder todas las preguntas. Antes estos casos siempre funciona el “faltó tiempo para prepararme” o el muy difícil “no lo sé”, con la promesa de averiguar al respecto. El ego no funciona.
  6. Promover la diversión: Esto no solo involucra hacer bromas en clase. En mi caso buscaba que haya participación de los alumnos. Para esto preparaba casos que resolvíamos en clase, a veces hacía preguntas como si fuera un juego de trivia y –ok, lo admito– otras veces solo hacía bromas.
  7. Promover la competencia: Casi todos los inicios de clase, hacía preguntas sobre las clases anteriores. En algunas ocasiones dejaba tareas para que los alumnos trabajen en conjunto y presenten algo al respecto. En otras tomaba algún examen y compartía la solución o promovía la conversación o el debate.
  8. Ser transparente: En cada clase compartía los puntajes por alumno, en esa época usaba excel e indicaba cómo se movía el tablero de posiciones. De haber un problema con el avance del curso, también lo compartía con los alumnos.
  9. Pedir ayuda: Hubo un momento en el que ya no pudimos usar el salón que nos había prestado, así que recurrí a la empresa en la que trabajaba pues ellos tenían una sala que nos vendría –y nos vino– muy bien.
Fuente: [Archivo personal]

Si bien es cierto, de todo esto ya ha pasado mucho tiempo y fue duro –y a veces triste– trabajar practicamente solo, pero aprecio todo lo ocurrido y claro, admito que mi ego hizo que cometiera errores. Por suerte el balance general arrojó un grupo de chicos muy inteligentes que poco a poco logró conseguir un empleo y que de alguna forma ese curso impactó en sus vidas.

Fuente: [Archivo personal]

En mi caso, la empresa en la que trabajaba me pidió que lidere un segundo programa de entrenamiento (y lo que en el tiempo formaría parte del trainee de la compañía), pero ya con presupuesto que ellos admistrarían. Este también fue un capítulo que aprecio bastante y al igual que el anterior, forma parte de uno de los proyectos que cambió mi vida personal y profesional.

Me gustaría terminar esta publicación agradeciendo a todos los que participaron en ese sueño, y claro, también recordando que una noche, ya caminando hacia la salida de la universidad, uno de mis amigos (y también alumno) me preguntó por qué dictaba el curso. Aún recuerdo lo que le respondí “es que no tenía opción, ya habíamos empezado y no quería dejarlo así”, no sé si estuvo mal responder eso, pero me alegra mucho haber participado en sus vidas.

Un abrazo,

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